Por qué Colombia es el epicentro de las guerras híbridas
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Por qué Colombia es epicentro de guerras híbridas
Autor: ©️ Jhon Fredy Renteria Chala
Abstract (Español)
Colombia se configura como un epicentro global de guerras híbridas, entendidas como dinámicas que entrelazan violencia armada, desinformación, crimen transnacional, extractivismo y disputas simbólicas por el control territorial. A partir de un enfoque salvaguardista, este artículo argumenta que el país no puede ser reducido a una narrativa de conflicto interno, sino que debe comprenderse como laboratorio geopolítico donde se experimentan nuevas formas de dominación y resistencia. Se examinan la geopolítica regional, la hibridación de poderes fácticos, la instrumentalización de las economías ilícitas, la guerra narrativa y el lugar de Colombia en la cartografía mundial de las Proxy Wars (Rentería Chala, 2025).
Abstract (English)
Colombia is configured as a global epicenter of hybrid wars, understood as dynamics that interweave armed violence, disinformation, transnational crime, extractivism, and symbolic disputes over territorial control. From a salvaguardist perspective, this article argues that the country cannot be reduced to a narrative of internal conflict but must be understood as a geopolitical laboratory where new forms of domination and resistance are tested. The article examines regional geopolitics, the hybridization of factual powers, the instrumentalization of illicit economies, narrative warfare, and Colombia’s place in the global cartography of Proxy Wars (Rentería Chala, 2025).
Palabras clave: Colombia, guerras híbridas, Proxy Wars, criminología salvaguardista, poderes fácticos, guerra narrativa.
Introducción
La narrativa hegemónica sobre Colombia ha insistido en representarla como un país atrapado en una guerra interna prolongada. Sin embargo, este enfoque invisibiliza su papel como epicentro de procesos geopolíticos que trascienden la escala nacional. Colombia se ha convertido en un espacio de experimentación estratégica, donde convergen potencias extranjeras, corporaciones transnacionales, insurgencias, crimen organizado y comunidades locales en un mismo campo de disputa.
Desde la perspectiva de la Escuela Epistolar de Pensamiento Crítico en Proxy Wars (Rentería Chala, 2025), es necesario comprender al país no como una anomalía regional, sino como un nodo de guerras híbridas globales. Este artículo desarrolla cinco ejes para demostrar cómo Colombia ha pasado de ser un territorio periférico a un centro de innovación bélica, simbólica y económica en el marco del capitalismo transnacional.
Desarrollo
1. Colombia como laboratorio geopolítico
La posición de Colombia en la cartografía mundial es estratégica: conecta el Caribe con Sudamérica, limita con Venezuela (punto álgido de tensiones geopolíticas), posee acceso a dos océanos y concentra recursos naturales codiciados como oro, petróleo, carbón y biodiversidad.
Esta geografía convierte al país en un territorio de ensayo para doctrinas militares extranjeras. La cooperación militar con Estados Unidos (Plan Colombia, Iniciativa Paz Colombia) y la presencia de bases militares extranjeras lo han posicionado como plataforma de proyección de poder regional (Zaffaroni & Dos Santos, 2019).
Colombia, entonces, no es un campo de guerra marginal: es un espacio de calibración estratégica, donde se prueban tácticas de contrainsurgencia, vigilancia digital y securitización territorial que luego se exportan a otros contextos globales.
2. Economías ilícitas como motor de la guerra híbrida
El narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando y el tráfico de armas no son simples “delitos”: son estructuras económicas transnacionales. Estas economías funcionan como sistemas financieros paralelos, donde confluyen insurgencias, actores estatales, empresas privadas y redes criminales globales (Baratta, 1993).
Lejos de ser anomalías, estas economías han sido funcionales a la acumulación de capital y al sostenimiento de las guerras híbridas. La cocaína, por ejemplo, no es solo mercancía ilícita: es una moneda geopolítica, un dispositivo de poder que financia campañas militares, proyectos políticos y sistemas de corrupción transnacional (Rentería Chala, 2025).
3. La guerra narrativa y el control de subjetividades
En el siglo XXI, la guerra ya no se libra únicamente con fusiles: se libra también en el terreno de los símbolos y narrativas.
Colombia ha sido narrada como país violento, atrasado y narcotraficante, invisibilizando su papel estratégico en el mapa global. Este estigma mediático funciona como arma de influencia, que legitima la injerencia extranjera y despoja de agencia a las comunidades locales (Aniyar de Castro, 1981).
Las redes sociales, la prensa y la industria cultural participan en la construcción de subjetividades sometidas, donde los territorios se perciben como “zonas de riesgo” antes que como espacios de vida. La narrativa, entonces, no es neutra: es un campo de batalla.
4. La hibridación de poderes fácticos y el colapso estatal
Colombia vive un escenario donde el Estado-nación ha dejado de ser el único administrador del poder. Guerrillas, paramilitares, carteles, ONG internacionales, corporaciones extractivas y ejércitos extranjeros co-gobiernan los territorios en regímenes de soberanía fragmentada.
Este fenómeno se traduce en un Estado híbrido, donde la legalidad y la ilegalidad no son opuestos, sino engranajes complementarios de un mismo sistema. La guerra híbrida en Colombia no es un accidente: es el modo en que el poder se organiza y se distribuye (Rentería Chala, 2025).
5. Colombia en la cartografía global de Proxy Wars
Al situar a Colombia dentro de las Proxy Wars, se entiende que sus conflictos no son aislados, sino nodos de una guerra globalizada.
Para Estados Unidos, Colombia es un peón en la contención de Venezuela y en la proyección de poder hacia el Caribe.
Para Europa, es un corredor estratégico de materias primas y un laboratorio de cooperación policial.
Para actores ilegales globales, es un hub financiero y logístico.
Colombia, en suma, se ha convertido en un teatro experimental de guerras futuras, donde lo que está en juego no es solo la seguridad nacional, sino la forma en que se reconfigura el orden mundial.
Conclusiones
Colombia no puede ser entendida únicamente como un país en conflicto armado. Es, en realidad, un epicentro de guerras híbridas, un territorio donde se cruzan dinámicas globales de poder, economía y narrativa.
Desde la perspectiva salvaguardista, este reconocimiento no es un ejercicio académico, sino una apuesta política: visibilizar que Colombia es un territorio sacrificial de la geopolítica global, pero también un espacio desde el cual se pueden construir resistencias epistémicas y comunitarias.
El reto consiste en transformar la condición de laboratorio en plataforma de emancipación, recuperando la soberanía desde la memoria, la dignidad y la inteligencia colectiva (Rentería Chala, 2025).
Referencias
Aniyar de Castro, L. (1981). Conocimiento y orden social: Criminología como legitimación y criminología de la liberación. Maracaibo: Universidad del Zulia.
Baratta, A. (1993). Criminología crítica y crítica del derecho penal. Ciudad de México: Siglo XXI Editores.
Rentería Chala, J. F. (2025). Proxy Wars: Armas de influencia y desmaterialización de los territorios. Manuscrito inédito, Escuela Epistolar de Pensamiento Crítico en Proxy Wars.
Zaffaroni, E. R., & Dos Santos, Í. (2019). La nueva crítica criminológica: Criminología en tiempos de totalitarismo financiero. Buenos Aires: Editorial.
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