“Carta dirigida a quien decidió entender el país”

 

“Carta dirigida a quien decidió entender el país”


Remitente: Un ciudadano que se negó a seguir pensando en automático

Destinatario: Usted, que todavía se pregunta si vale la pena elegir


Usted no necesita que le digan por quién votar.

Necesita entender por qué su decisión sí cambia el tipo de país que le toca vivir.


Porque hay algo que no se dice con suficiente claridad:

Colombia no está estancada por falta de soluciones, sino por la repetición de las mismas formas de entender el poder.


Y ahí empieza todo.


Votar por Luis Gilberto Murillo y Luz Maria Zapata, no es un acto de fe ciega. Es, si se mira con rigor, una decisión basada en una ruptura concreta: su discurso y sus intervenciones públicas no giran alrededor del poder como espectáculo, sino del territorio como punto de partida, respaldado por trayectorias donde la gestión pública ha tenido que operar en contextos reales de implementación, no en escenarios abstractos.


Eso no es un detalle menor.


Durante años, el país ha sido gobernado como si lo importante fuera administrar desde arriba. Murillo invierte esa lógica: insiste en que, si el desarrollo no se siente en las regiones, entonces no existe realmente. Y esa afirmación no se queda en el discurso: se conecta con experiencias donde la gestión ambiental, la planificación territorial y la articulación institucional han exigido decisiones concretas en territorios históricamente excluidos.


Ese planteamiento tiene una consecuencia directa:


Si el territorio entra al centro de la decisión política, entonces la exclusión deja de ser un “daño colateral” y se convierte en un problema que hay que corregir mediante instrumentos reales: inversión focalizada, gobernanza multinivel y presencia institucional sostenida.


No es promesa. Es una premisa operativa.


Ahora bien, complemente esto con la presencia de Luz Maria Zapata.


Aquí no hay relleno político. Hay una lógica operativa.


Mientras muchos proyectos políticos se quedan en el discurso nacional, esta fórmula introduce una tensión necesaria: la articulación real con lo local. Zapata representa una forma de gestión que ha estado vinculada a la coordinación territorial, a la interlocución con gobiernos subnacionales y a la comprensión de que las políticas públicas solo existen cuando logran ejecutarse en municipios, barrios y veredas.


Y aquí aparece el argumento que pocos ponen sobre la mesa de forma directa:


Un país no cambia porque tenga buenas intenciones.

Cambia cuando las decisiones logran atravesar la estructura que históricamente ha bloqueado su ejecución.


Si usted une ambas piezas, el razonamiento es simple:


* Si el problema de Colombia ha sido la desconexión entre el poder y el territorio,


* y aparece una propuesta que pone el territorio como eje y la gestión local como mecanismo,


* entonces esa propuesta tiene mayor probabilidad de corregir esa falla estructural, no solo en el plano discursivo, sino en la capacidad de implementación institucional.


Eso no es ideología. Es lógica básica aplicada a la gestión pública.


Ahora, confrontemos lo incómodo.


Decir que “no es el momento” o que “el país no está listo” suena prudente, pero en la práctica suele ser una forma elegante de aplazar decisiones que incomodan.

No describe una realidad: la administra.


Y cuando una sociedad empieza a decidir desde la comodidad de lo que no incomoda, termina perpetuando exactamente aquello que dice querer superar.


Por eso, la pregunta no es si encajamos en lo que siempre se ha visto como “aceptable”.

La pregunta es otra:


¿Seguimos evaluando el liderazgo desde moldes heredados…

o empezamos a medirlo por su capacidad real de transformar lo que esos moldes nunca resolvieron?


Si el criterio cambia, cambia el resultado.


Porque entonces el análisis deja de girar alrededor de percepciones y empieza a sostenerse en coherencia operativa:


¿Quién ha gestionado territorio sin reducirlo a discurso?

¿Quién ha tenido que articular niveles de gobierno para que una decisión no se quede en el papel?

¿Quién entiende que gobernar no es representar una imagen, sino reorganizar relaciones reales entre Estado, ciudadanía y región?


Ahí es donde la decisión se vuelve concreta.


Votar por Luis Gilberto Murillo y Luz Maria Zapata, no es responder a una emoción ni a una narrativa impuesta.

Es tomar posición frente a un criterio distinto: el de evaluar el poder por lo que ejecuta, no por lo que aparenta.


Y en un país que ha normalizado decidir desde percepciones heredadas, cambiar el criterio ya es, en sí mismo, un acto de transformación.


Usted decide si sigue interpretando el país desde lo que siempre le dijeron que era “viable”…

o si empieza a decidir desde lo que realmente necesita ser corregido.


Jhon Fredy Rentería Chala

Director

Escuela Epistolar Fogones y Tulpas

Lente: Consejería de Saberes





Comentarios

Entradas populares de este blog

Por qué Colombia es el epicentro de las guerras híbridas

Geocenosis Disolutiva

Libro